Continuación del discurso de Job
11“Mas ahora se ríen de mí
los que tienen menos años que yo,
a cuyos padres yo hubiera desdeñado
de tomar como perros para mi ganado.
2Aun la fuerza de sus manos
¿de qué me habría servido?
ya que carecen ellos de todo vigor.
3Muertos de miseria y de hambre
roen el yermo,
la tierra desolada y vacía.
42Recogen frutos amargos de arbustos,
y se sustentan con raíces de retama.
5Expulsados de la sociedad,
y perseguidos con gritos
habitan como ladrones,
6en los barrancos de los torrentes,
en las cuevas de la tierra
y en las breñas.
7Entre la maleza lanzan sus gritos,
y se reúnen bajo las zarzas.
8Son hombres insensatos,
hijos de gente sin nombre,
echados del país a viva fuerza.
9Y ahora soy escarnecido por ellos
y el objeto de sus pullas.
103Me abominan, se apartan de mí;
y no se avergüenzan
de escupirme en la cara.
114Han perdido todo freno, me humillan
y pierden todo respeto en mi presencia.
12A mi derecha se levanta el populacho;
hacen vacilar mis pies;
traman contra mí maquinaciones
para perderme.
13Me cortan el camino,
procuran mi caída;
nadie me presta auxilio contra ellos.
14Como por brecha ancha irrumpen,
se revuelcan entre los escombros.
15Me han acometido terrores,
y como el viento se llevan mi nobleza;
cual nube pasó mi prosperidad.
16Ahora mi vida se derrama dentro de mí,
se han apoderado de mí días aciagos.
175La noche me taladra los huesos,
y no me dan tregua los que me roen.
18Su gran muchedumbre
ha desfigurado mi vestido;
me ciñen como el cabezón de mi túnica.
19Me han echado en el lodo,
soy como el polvo y la ceniza.
20A Ti clamo por auxilio,
y Tú no me respondes;
permanezco en pie,
y Tú me miras (con indiferencia).
216Te has tornado para mí en enemigo,
y me persigues con todo tu poder.
22Me alzas sobre el viento,
y me haces cabalgar;
me sacudes sin darme sostén.
23Porque bien sé
que me entregarás a la muerte,
a la casa adonde van a parar
todos los vivientes.
24Sin embargo el que va a perecer
¿no extiende su mano?
en su aflicción ¿no pide auxilio?
25¿No lloraba yo con el atribulado?
¿no se afligía mi alma por el pobre?
26Pero esperando el bien,
me vino el mal;
aguardando la luz
he quedado cubierto de tinieblas.
27Mis entrañas se abrasan sin descanso;
me han sobrevenido días de aflicción.
28Ando como quien está de luto,
sin alegría,
me levanto en la asamblea
para clamar por auxilio.
297Soy ahora hermano de los chacales,
y compañero de los avestruces.
30Ennegrecida se me cae la piel,
y mis huesos se consumen por la fiebre.
31El son de mi cítara
se ha trocado en lamentos,
y mi flauta en voz de llanto.”