1¿Por qué, Yahvé, te estás lejos?
¿Te escondes en el tiempo de la tribulación,
2mientras se ensoberbece el impío,
y el pobre es vejado y preso
en los ardides que aquel le urdió?
31Porque he aquí que el inicuo
se jacta de sus antojos,
el expoliador blasfema
despreciando a Yahvé.
4En el orgullo de su mente dice el impío:
“Él no tomará venganza; Dios no existe.”
Tal es todo su pensamiento.
52Sus caminos prosperan en todo tiempo;
lejos de su ánimo están tus juicios;
menosprecia él a todos sus adversarios.
6En su corazón dice:
“No seré conmovido;
de generación en generación
estaré al abrigo de la adversidad.”
7Su boca está llena de maldición,
de astucia y de violencia;
bajo su lengua lleva
la maldad y la mentira.
8Se pone en acecho junto al poblado,
en lo escondido, para matar al inocente.
Sus ojos están espiando al pobre;
9insidia en la oscuridad como el león
que desde su guarida está asechando
al desvalido para atraparlo;
lo arrebata y lo atrae a su red;
10se encoge, se agacha hasta el suelo,
y el desdichado cae en sus garras.
113Dice en su corazón:
“Dios está desmemoriado,
apartó su rostro, nunca ve nada.”
12Levántate, Yahvé Dios mío,
alza tu mano;
no quieras olvidarte de los afligidos.
134¿Cómo es que el impío desprecia a Dios,
diciendo en su corazón:
“No tomará venganza”?
145Mas Tú lo estás viendo.
Tú consideras el afán y la angustia,
para tomarlos en tus manos.
A Ti está confiado el pobre;
Tú eres el protector del huérfano.
15Quebranta Tú el brazo del impío
y del maligno;
castigarás su malicia y no subsistirá.
166Yahvé es Rey para siglos eternos;
los gentiles fueron exterminados de su tierra.
17Ya escuchaste, Yahvé,
el deseo de los humildes;
confirmaste su corazón y prestaste oído,
187para tomar en tus manos
la causa del huérfano y del oprimido,
a fin de que nunca más vuelva
a infundir pavor el hombre de tierra.