Gloria del reino mesiánico
11Alégrese el desierto y la tierra árida,
regocíjese el yermo y florezca como el narciso.
22Florezca magníficamente y exulte,
salte de gozo y entone himnos.
Pues le será dada la gloria del Líbano,
la hermosura del Carmelo y de Sarón;
se manifestará la gloria de Yahvé,
y la magnificencia de nuestro Dios.
33Fortaleced las manos flojas,
y robusteced las rodillas vacilantes;
44decid a los de corazón tímido:
“¡Buen ánimo! no temáis.
Mirad a vuestro Dios.
Viene la venganza, la retribución de Dios;
Él mismo viene, y os salvará.”
55Entonces se abrirán los ojos de los ciegos,
y serán destapados los oídos de los sordos;
6entonces el cojo saltará cual ciervo,
exultará la lengua del mudo,
entonces brotarán aguas en el desierto,
y arroyos en la tierra árida.
76El suelo abrasado se convertirá en estanque,
la tierra sedienta en manantiales de agua,
y la guarida y morada de los chacales
en parque de cañas y juncos.
87Y habrá allí una senda, una calzada,
que se llamará camino santo.
Ningún inmundo lo pisará, será solamente para ellos;
los que siguen este camino,
aun los sencillos, no se extraviarán.
9No habrá allí león;
ninguna bestia feroz pasará por él,
ni será allí hallada.
(Allí) marcharán los redimidos,
108y los rescatados de Yahvé volverán;
vendrán a Sión cantando;
y regocijo eterno coronará sus cabezas.
Alegría y gozo será su suerte,
y huirán el dolor y el llanto.
Comentario
1 1. En el presente capítulo renueva el profeta las grandes promesas. “El desierto por donde retorna Israel se convierte en un país fértil; el pueblo de los rescatados gozará en Sión de una felicidad eterna” (Crampón). En la Biblia se alegran hasta el desierto y la tierra árida, saltan de gozo los montes (Salmos 88, 13), se ciñen de regocijo los collados y los valles alzan su voz y cantan himnos de alabanza (Salmos 64, 13); el sol parece como esposo que sale del tálamo y exulta cual gigante que recorre su camino (Salmos 18, 6). De esta suerte la naturaleza exhala el calor de la alegría divina y lo derrama en el alma del creyente.
2 2. Bellísimo texto que la liturgia aplica en sentido acomodaticio a la Virgen nuestra Madre (véase 63, 1).
3 3. San Pablo dirige análoga expresión a los hebreos (Hebreos 12, 13).
4 4. Sobre esta venganza (cf. 34, 8) véase el doble anuncio contenido en 61, 1 ss., cuya primera parte declara Jesús cumplida en Lucas 4, 17 ss. Toda esta profecía es, pues, eminentemente mesiánica, y alude a una “edad de oro”, de la cual el precario retorno de Babilonia fue solo una figura. Véase 27, 12 s.; 45, 14 y notas.
5 5. Véase Mateo 11, 5, donde Jesucristo se aplica estas palabras a sí mismo, confirmando así la llegada del reino mesiánico, como lo hace también en Mateo 12, 28; Lucas 17, 22, etc., y el Precursor en Mateo 3, 10 y 12. Pero, no obstante los gloriosos términos en que lo anunciaban los profetas (cf. 9, 7 y nota), el dulce yugo de Jesús fue rechazado por la fuerza (Juan 1, 11; Mateo 11, 12; Lucas 16, 16) y quedaron entonces sin cumplir aquellas profecías de gloria (Mateo 11, 14; 17, 10-13) de las cuales Él dio como un anticipo en la Transfiguración (Marcos 9, 1 ss.), cumpliéndose en cambio los vaticinios dolorosos (cf. capítulo 53; Salmos 21 y 68, etc.), a pesar del deseo de los buenos amigos de Jesús (Marcos 11, 10; Mateo 21, 9; Lucas 19, 38; Juan 6, 14 s.; 12, 13-15). De ahí el desahucio final que Él formuló a la Sinagoga incrédula (Mateo 23, 39; Salmos 117, 26), como también sus palabras a Pilato (Juan 18, 36 s.) y las de San Pablo en Romanos 11, 26, citando a Isaías 59, 20. Véase también Mateo 2, 2-6; Jeremías 30, 3 y nota.
6 7. La fertilidad del país árido es uno de los más significativos símiles de la era mesiánica. Cf. 49, 10.
7 8. Los que siguen este camino... no se extraviarán: “Camino” es uno de los nombres de Cristo (cf. Juan 14, 6), y no hay duda de que podemos descubrirle bajo este nombre ya en el Antiguo Testamento. Fray Luis de León ve su imagen en este pasaje y comenta: “¿Cómo no será Cristo «Camino» si se llama camino todo lo que es ley, regla y mandamiento que ordena y endereza la vida? pues es Él solo la ley. Porque no solamente dice lo que hemos de obrar, mas obra lo que nos dice que obremos y nos da fuerzas para que obremos lo que nos dice. Y así, no manda solamente a la razón, sino hace en la voluntad ley de lo que manda, y se lanza en ella; y lanzado allí, es su bien y su ley” (Los Nombres de Cristo).
8 10. Regocijo eterno coronará sus cabezas: “¡Cuántas serán vuestras delicias, oh vosotros que amáis a Dios, exclama San Agustín; os regocijaréis en la abundancia de la paz. Vuestro oro será la paz, vuestra plata la paz, vuestra herencia la paz, vuestra vida la paz, vuestro Dios la paz; todo lo que deseéis, será paz para vosotros. Allí vuestro Dios será todo para vosotros; os alimentaréis de Él para no tener hambre; beberéis de Él para no tener sed; seréis iluminados por Él para no volveros ciegos; seréis sostenidos por Él para no caer. Él os poseerá eternamente, y le poseeréis de la misma manera, porque Dios y vosotros no formaréis más que una sola cosa por unión de amor.”